¿Amicus Curiae o Amicus Partium?

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DSC03461El miércoles pasado, mientras miraba por Internet la audiencia del caso “Clarín” –casi como quien mira un evento deportivo— me sorprendió encontrar muchos “Amicus Partium” y pocos “Amicus Curiae”.

Quizás por una cuestión de sesgo profesional, siempre pensé en los Amicus Curiae como defensores del interés público (y no de las partes). Si pensamos en cualquier caso ambiental, es fácil ver cómo la decisión del juez tiene un impacto que excede por mucho a los intereses de los involucrados.

Esto ocurre también en aquellos casos en los que la Corte Suprema debe tomar una decisión sobre la constitucionalidad o interpretación de una ley que impacta en la vida cotidiana de millones de personas. Estoy pensando, por ejemplo, en los alcances del aborto no punible o la constitucionalidad de la ley de estupefacientes.

Si en estos casos el tribunal se queda con los argumentos de las partes puede estar viendo una parte muy pequeña de la película. Al mismo tiempo, si las partes y sus abogados no hacen bien su trabajo se corre el riesgo de que quede establecido un precedente díficil de revertir.

Ahí es cuando el Amicus del Tribunal está listo para presentar argumentos que quizás exceden el interés de las partes, para completar aquellos que considere incompletos, para presentar una visión imparcial de la cuestión o para aportar información importante sobre el impacto que una potencial sentencia tendría en la sociedad en su conjunto.

El primer reglamento de la Corte Suprema sobre los “amigos del tribunal” iba en esta línea y establecía normas bastante laxas para la presentación de amicus. La Acordada 28/2004 solo pedian que tuvieran una reconocida competencia en la cuestión debatida, fundamentaran su interés en participar en la causa e informaran al tribunal si tenían algún tipo de relación con las partes.

En abril de este año la Corte decidió modificar el reglamento (Acordada 7/2013) y ahora le pide a los “amigos” que expresen a qué parte apoya, si han recibido de las partes financiamiento, apoyo económico, o asesoramiento para la presentación, y si el resultado del pleito le presentará –directa o indirectamente—beneficios patrimoniales.

El nuevo reglamento pudo verse en acción en la audiencia del caso Clarín. En el primer día de audiencia distintos amigos de las partes presentaron sus argumentos a favor de Clarín o del Gobierno Nacional (las transcripciones acá). Estoy muy lejos de ser una experta en cuestiones de libertad de expresión (si les interesan la cuestión sugiero el blog de e-Bertoni)  pero mi impresión es que la mayoría de los amicus no hicieron más que llevar agua para el molino de las partes.

La primera pregunta que me viene a la mente es si realmente tiene sentido permitir que los amicus se vuelvan un instrumento táctico de las partes. Por lo que se vio en la audiencia de la semana pasada, las partes usaron a los “amicus” para presentar una variedad de argumentos distintos, bajo la apariencia de neutralidad, y sin tener que hacerse cargo directamente de su contenido, quizás con la esperanza de que el tribunal “compre” alguno de ellos.

Si el cambio responde —como señaló el presidente de la CSJN—a una preocupación por la imparcialidad de los amicus, ¿no hubiese sido mejor establecer regulaciones para asegurar la imparcialidad de las presentaciones?

Otra vez sobre los agroquímicos: La nueva Resolución del SENASA sobre trazabilidad

DSC03173Hace algunos meses atrás escribí un pequeño artículo para el Informe Ambiental Anual de FARN en el que sugería que un sistema de registro y trazabilidad para los productos agroquímicos podría contribuir a controlar las aplicaciones ilegales en las cercanías de zonas pobladas y cursos de agua.

La idea es simple: si registramos quiénes compran productos agroquímicos, en qué cantidades y para aplicar en qué terrenos –georeferenciando su ubicación— y obligamos a los productores a informar cada una de las aplicaciones del producto es posible detectar su uso incorrecto o su aplicación en una zona prohibida.

Existen muchos ejemplos interesantes del uso de este tipo de sistemas de información, pero quizás el más comprehensivo sea el de California. Desde los años ’90, California obliga a los productores y aplicadores a presentar reportes completos sobre el uso de pesticidas, que luego son analizados por el gobierno local para evaluar potenciales daños e identificar patrones de uso sospechoso. A la vez, toda la información generada está disponible en Internet junto con guías que explican a los ciudadanos como interpretar los datos.

La nueva resolución de SENASA sobre trazabilidad (Res. 369/2013) da un paso en este sentido al exigir la identificación de cada unidad de estos productos y su trazabilidad, en tiempo real, a través de toda la cadenada de comercialización –desde su importación o elaboración hasta la adquisición por el usuario final.

Sin embargo, para que este sistema pueda usarse para monitorear y detectar el uso incorrecto o en zonas prohibidas es necesario que la reglamentación prevea el registro de información georeferenciada sobre la superficie en la que se aplicará el producto, así como la obligación del productor de informar al registro cada aplicación. Es decir, no alcanza con saber cuanto compró cada productor si no sabemos también cuantas hectáreas cultiva, en donde están ubicadas y que día aplicó el producto.

Esta información permitiría controlar si las condiciones meteorológicas eran adecuadas, si la cantidad aplicada es consistente con la superficie informada, y si el terreno se encuentra en un área donde el uso del producto está permitido por la regulación local.

Por último, sería importante que toda la información recopilada por el Registro sea de fácil acceso a los ciudadanos a través de la página web del SENASA.

Cambio Climático y Eventos Extremos

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La nieve se derrite en New Haven

El grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC) preparó un informe especial que explica la conexión entre el cambio climático y el riesgos de que ocurran fenómenos meteorológicos extremos (infografía preparada por la “Union of Concerned Scientists” que sintetiza los hallazgos del IPCC)

Si bien no es posible decir que tal o cual evento extremo es producto del cambio climático (mucho antes de que emitiéramos toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera ya existían las olas de calor, las lluvias torrenciales, los huracanes y los tornados) sí es cierto que en muchos casos la frecuencia de estos eventos aumentará como consecuencia del calentamiento global.  Según el informe:

  • Olas de Calor: es muy probable que la duración, la frecuencia, y/o la intensidad de las olas de calor aumente en casi todas las zonas continentales. Es probable que las temperaturas cálidas extremas que antes ocurrían una vez cada 20 años, ocurran una vez cada dos años para fines del S. XXI.
  • Inundación de zonas costeras: Es muy probable que el aumento del nivel medio del mar contribuya a una tendencia al alza de los niveles de las aguas altas extremas de las zonas costeras en el futuro.
  • Precipitaciones intensas: es probable que durante el S. XXI la frecuencia de precipitaciones intensas o la porción de lluvias totales derivadas de precipitaciones intensas aumente en muchas zonas del mundo.
  • Sequías: hay un nivel de confianza medio en que las sequías se intensifiquen en el siglo XXI en algunas zonas y estaciones del año.

¿Qué pasa con los huracanes y tornados? ¿El tornado de Oklahoma y el huracán Katrina pueden haber sido consecuencia del cambio climático? Es posible que el cambio climático tenga algún rol en el aumento de la frecuencia o intensidad de tornados y huracanes pero según el informe del IPCC aún no existe suficiente evidencia para vincular ambos fenómenos. Esto no quiere decir que no exista relación, sino simplemente que no hay datos suficientes para probar que dicha relación existe (o no existe).

La culpa no es de la semilla. “Bowman v. Monsanto” y los derechos de propiedad intelectual sobre semillas transgénicas

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Pensar en derechos de propiedad intelectual sobre un organismo vivo plantea diversos interrogantes, especialmente cuando se trata de una semilla que tiene la posibilidad de crecer y multiplicarse. ¿Hasta dónde llegan los derechos de propiedad intelectual de quien patentó la semilla? ¿Si la semilla se reproduce, los derechos de propiedad intelectual del creador alcanzan también a las nuevas semillas que se generen?

Esta semana la Corte Suprema de los Estados Unidos dictó sentencia en el caso “Bowman v. Monsanto” en el que se discutieron por primera vez los alcances de los derechos de propiedad intelectual sobre semillas transgénicas. En los Estados Unidos, Monsanto vende sus semillas de soja genéticamente modificadas o “Roundup Ready” junto con un acuerdo de licencia que permite plantar la semilla una única vez. Luego de la cosecha los agricultores pueden consumir los porotos de soja o venderlos, pero no pueden volver a plantarlos, sino que están obligados a volver a comprarle las semillas a Monsanto.

Todos los años, Bowman compraba las semillas de Monsanto para su primera cosecha del año y cumplía con todos los requisitos del acuerdo de licencia. Sin embargo, para reducir los costos de la segunda cosecha, que estimaba más riesgosa, compraba los granos de un elevador de granos que vendía porotos de soja para consumo humano o animal y los plantaba. Al descubrir esta práctica, Monsanto demandó a Bowman por violación de su patente. En su defensa, Bowman argumentó que sólo estaba haciendo uso de su derecho a revender o utilizar el producto adquirido.

La Corte Suprema decidió el caso en favor de Monsanto. Sostuvo que, al replantar las semillas, Bowman había hecho una copia ilegal de un producto protegido por derechos de propiedad intelectual. De no ser así, los derechos de propiedad intelectual de Monsanto se limitarían a la primera venta del producto, luego de la cual otras compañías podrían replicar la semilla y vendérsela a los agricultores.

¿Tiene alguna relevancia el hecho de que la semilla se replique a sí misma? El demandado sostuvo que no fue él quien hizo las copias del producto patentado sino que fue la propia semilla la que se reprodujo. La Corte rechazó este argumento por entender que Bowman no había sido un observador pasivo de la multiplicación de las semillas sino que, por el contrario, fue él quien las plantó, las trató con glifosato y las cosechó, controlando de ese modo su reproducción.

El Tribunal se encargó de aclarar que su fallo se encuentra limitado a esta particular circunstancia y no alcanza a otros productos que se reproducen a sí mismos. De esta forma, se dejó a salvo los casos en los cuales la reproducción ocurre fuera de la zona de control del agricultor, por ejemplo, en los casos en que cultivos orgánicos son contaminados por semillas transgénicas de una plantación vecina.